jueves, 23 de junio de 2016

Melconian 11 - López 9 (El bosque y el árbol)

11 a 9 es, sin dudas, una diferencia aplastante. Si fuera en algún deporte, Melconian demostraría su superioridad sobre López; si fuera una escala, Melconian abarcaría más que López. Pero no es deporte ni escala, es la cantidad de recursos públicos que ambos pasaron a sus arcas privadas: Melconian (actual presidente del Banco Central de la República Argentina) aproximadamente 11 millones de dólares, y López (ex secretario de Obras Públicas de la Nación) alrededor de nueve millones de la misma moneda. ¿Qué los diferencia?

De manera obvia, la cantidad apropiada, lo que demuestra habilidades diferenciales. Igualmente obvio es que uno (López) está preso, y el otro (Melconian) ocupa un cargo público. Pero estos resultados (ambos), muestran, sobre todo, la diferencial forma de apropiación ilegítima de diferentes fracciones sociales. López, sin linaje burgués, proveniente de una clase social "baja" (alguna fracción obrera o de alguna clase auxiliar, en términos de Gramsci) a juzgar por su patrimonio al comenzar su carrera en la función pública, se encuentra en una estructura que lo posiciona provisionalmente en una relación de fuerzas pareja, y hasta ventajosa por momentos, respecto de fracciones burguesas de capital concentrado, como son los contratistas del Estado, sobre todo para la obra pública. Todo indica que a partir de ello hizo pesar su posición cobrando estipendio por "favores". Se embolsó unos cuantos pesos, pero carente de todo andamiaje social, al poco tiempo de dejar la función pública, por razones desconocidas, se desbarranca y todo sale a la luz, terminando con su cuerpo en la cárcel.

Melconian, en cambio, funcionario del establishment económico, compró devaluados títulos de deuda pública, y luego judicializó su deuda junto a otros tenedores conocidos como "buitres" en el juzgado de Thomás Griesa. Así fue como se embolsó con, aproximadamente, 11 millones de dólares de ganancia por sobre los 772.268 que había invertido. La exacción de López es ilegal, la de Melconian no. Ambas, eso sí, igualmente ilegítimas.

¿Para qué sirve, entonces, pensar en términos de "corrupción"? Por lo que queda claro, la corrupción es simplemente el robo de sectores advenedizos, socialmente no autorizados, mientras que el robo de los sectores burgueses asentados no es "corrupción", sino simplemente "negocio", legal (aún cuando la legalidad sea acomodada a patadas por costosos abogados, que finalmente no pagan ellos sino el Estado argentino). La comparación entre López y Melconian también muestra otra cuestión: es más perniciosa la legalidad de Melconian que la ilegalidad de López (sobre todo considerando que Melconian sigue siendo funcionario y, por lo tanto, potencialmente peligroso, pues podría repetir un doble papel, como cuando fue a negociar representando al país frente a Griesa, siendo uno de los que demandaban al país en el juzgado de Griesa). La corrupción, en síntesis, es el espejito de colores que sirve para direccionar la ira popular sobre hechos puntuales que impiden o dificultan ver la estructura de exacción de los recursos sociales por parte de una pequeña fracción. La corrupción es el árbol, el capitalismo es el bosque.